Qué hacer cuando un bebé tiene cólicos

Uno de los dolores más molestos y habituales es el provocado por la aparición de cólicos, causados por las contracciones de los músculos adyacentes a un órgano o al cierre provisional de determinados conductos del mismo. Normalmente, estos dolores abdominales agudos suelen superarse sin mayores dificultades, pero cuando esto le ocurre a un bebé, conviene extremar las precauciones e identificar la causa del dolor lo más rápidamente posible. Para que sepas cómo actuar correctamente y de qué manera combatir esos punzantes dolores, hemos preparado este artículo para tratar de echarte un cable en caso de que tu pequeño sufra de uno.

Tu bebé empieza a llorar, no sabes por qué y tratas de darle de comer o mirar a ver si precisa de un lavado urgente por alguna deposición repentina. Falsa alarma, parece todo bajo control… pero el pequeño no para de llorar. Puedes estar ante uno de los problemas más preocupantes y temidos por la intensidad del dolor que provocan tanto en recién nacidos como en niños de mediana edad y en adultos: los cólicos. Estos se caracterizan por provocar un fuerte dolor abdominal que no cesa con el tiempo y que tiene su causa en la obstrucción repentina de alguno de los conductos adyacentes de alguno de los órganos afectados, así como de la contracción periódica de sus músculos adyacentes.

Durante la edad adulta es más sencillo identificarlos, pero en los bebés cuesta más distinguirlos y ellos no son ajenos a estos problemas, por lo que contar con la asistencia necesaria para reconocerlos y combatirlos es primordial para garantizar el buen estado de salud del pequeño.

Qué son los cólicos en bebés

Se estima que, de media, uno de cada cinco bebés sufrirá lo que se denomina “cólico del lactante”, una afección de procedencia desconocida que provoca períodos de llanto agudo e irritabilidad máxima en los recién nacidos. Pese a que en un principio pueden ser difíciles de reconocer, si estamos atentos a los períodos de sueño y de llanto del pequeño podemos distinguirlo sin mayor dificultad.

Normalmente, pese a que los bebés lloran sobremanera en los primeros meses de vida (y es necesario que lo hagan), unos períodos diarios de más de tres horas de llanto pueden empezar a ser preocupantes y ser síntoma de un cólico. Estos empiezan normalmente entre la tercera y la sexta semana de vida, y acaban cuando el bebé tiene entre tres y cuatro meses de edad; es decir, se producen en el periodo de mayor vulnerabilidad del pequeño.

Datos sobre el cólico del lactante

Algunos cólicos de los neonatos pueden estar causados por una acumulación de gases que revele la propensión del pequeño a producirlos durante la digestión. De ser así, es bastante probable que el pequeño sufra un cólico de gases que puede ser difícil de reconocer las primeras veces que ocurre. Lo cierto es que el cólico de gases es uno de los cólicos en bebés más típicos y de los que provocan un dolor abdominal más intenso, pero no revisten gravedad más allá de la molestia que produce la sensación punzante en el vientre.

Lo primero que debes tener en cuenta es que el cólico del lactante no implica una disminución de peso o una pérdida de apetito: los cólicos en bebés se producen por causas que nada tienen que ver con esto. Si el pequeño está perdiendo el apetito o no gana peso, conviene consultar urgentemente con un médico porque podría ser síntoma de una problemática distinta.

Tampoco debes asociar los cólicos en bebés a los vómitos. Estos son habituales en los primeros meses de vida y es normal que puedan regurgitar de vez en cuando, ya que es un espasmo o reflejo muy común del tracto digestivo de los más pequeños. Sin embargo, los vómitos frecuentes deben ponerte en alerta y consultar a un pediatra lo antes posible.

Del mismo modo, los cólicos del lactante tampoco van asociados a un cambio sustancial en las deposiciones del pequeño. Las heces deben tener un aspecto y composición normal, y si estas presentan sangre, mucosidad anormal, secreciones blanquecinas o el pequeño presenta diarrea, debes acudir de inmediato al médico porque ninguno de esos síntomas va asociado a la aparición de un cólico en los bebés.

¿Cómo aliviar cólicos en bebés?

Es la pregunta del millón, y la que se hacen padres y madres de todo el mundo ante un eventual cólico del bebé. El sentido común es, en estos casos, uno de los mejores aliados que puede tener el pequeño. La mejor manera de paliar los molestos efectos del cólico es mecer al bebé para amortiguar la sensación de dolor y fomentar su relajación, de manera que combata las punzadas del vientre.

En el caso de los cólicos causados por una exagerada acumulación de gases, el enfoque es distinto porque sí puedes intervenir directamente en lo que causa el dolor. Muchos padres se preguntan cómo aliviar un cólico de gases en bebés, si basta con hacerlos eructar, si es mejor no intervenir en la digestión y dejarlos pasar o si se pueden emplear hierbas o infusiones para calmarles. Pues bien, lo más recomendable en estos casos es realizar masajes para evitar cólicos en bebés, que pueden incluso revertir los efectos de acumulación en el vientre, mejorar la digestión y evitar, en definitiva, el mal trago de tener que sufrir uno.

En todos los casos, y al margen de la propensión que tenga el pequeño de sufrir un cólico, intentar hacer eructar al bebé es siempre muy recomendable. En los casos más graves, colocar al bebé en el regazo boca abajo y frotarle suavemente la espalda ayuda enormemente a que expulsen los gases y se sientan relajados, evitando los molestos dolores abdominales tan típicos de estas dolencias.

Estímulos externos para combatir los cólicos

Si nada de esto funciona y ya no sabes qué hacer cuando un bebé tiene cólicos, plantéate la posibilidad de que tu bebé necesite, simplemente, una reducción en los niveles de estimulación ambiental. Algunos bebés, sobre todo los que apenas han cumplido uno o dos meses de vida, suelen encontrar un enorme alivio al estar acurrucados en una manta en una habitación en penumbra, signo inequívoco de cuánto añoran el vientre materno. Puede ser un remedio de gran utilidad y una opción más que recomendable si todo lo demás falla.

No obstante, nunca renuncies a la asistencia médica, sobre todo durante las primeras semanas de vida. Conviene que peques de alarmista y que acudas gran cantidad de veces al pediatra, que ignores un problema potencialmente grave y que el pequeño sufra las consecuencias de una acción tardía. Ante la duda, siempre es mejor que el médico te saque de dudas, te dé recomendaciones sobre qué hacer en caso de un eventual cólico y qué clase de remedios puedes aplicar para prevenirlos.